En este ajetreado mundo actual, es todo un reto lograr una comunicación que no sea del montón con los demás, ¡y esto afecta seriamente nuestras relaciones humanas! Conectar de forma sana con nuestra tribu, ya sea la familia, los amigos, la pareja, ¡es todo un arte que depende de las habilidades que hayamos ido puliendo a lo largo de nuestras vidas! Y En efecto las relaciones que tenemos tiene mucho que ver con los sentimiento que generamos cuando interactuamos, la manera en la que interactuamos tiene todo que ver con la forma que aprendimos desde casa de la familia, la familia nos trasmite creencias, el 50% de nuestras creencias tienen que ver con la forma en que generamos conexiones emocionales... diras que estoy repitiendo lo mismo cuando hablo de pensamiento y emoción, y la respuesta querida es: NO. El pensamiento es algo que tenemos de manera constante y repetida. Y la emoción aparece de forma espontanea según las circunstancias.
Hoy quiero que reconozca un concepto que muchas veces no nos permitimos en la vida demostrar: La vulnerabilidad y es que sucede que sentirlo es algo que NO nos damos permiso. pero es una clave valiosa para la forma en que nos relacionamos y conectamos emocionalmente.
Si algo te duele, ¿piensas que estás siendo débil?
Si te sientes mal por algo, ¿lo rechazas y rápidamente quieres volver a estar bien?
¿Evitas las situaciones que te exponen a sentirte vulnerable ante los demás?
Hay muchas personas que, cuando sienten algo que no les gusta, creen que sentirse así equivale a debilidad. Que se rechazan a sí mismas si sienten miedo, inseguridad, vergüenza, tristeza, desamparo, soledad, desconexión…
Escucho con frecuencia: “Si me siento mal, no quiero que los demás se den cuenta, además de que no me gusta dar pena”, escucho aun más con frecuencia” o “siempre estoy juzgando que debería estar bien y que no me deberían afectar las cosas”.
Tenemos taaantas expectativas impuestas de lo que hemos de ser que, si sentimos que no cumplimos con ese ideal, conectamos con la vergüenza y nos sentimos indignas. Y, como eso no nos gusta, evitamos las situaciones que nos pueden hacer sentirnos así. Es decir, evitamos las situaciones que nos pueden hacer sentir vulnerables: mostrarnos y que el otro nos pueda rechazar, dar algo y que el otro tal vez no nos lo devuelva, pedir ayuda y que piensen que no somos capaces, enseñar el trabajo que hemos hecho sin saber si va a gustar, escuchar algo que nos pueda hacer daño…
Pero, ¿Qué es para ti sentirte vulnerable? Esta pregunta me la hizo mi psicóloga hace unas semanas - si! también yo voy a terapia por mi salud mental- y mi respuesta fue que, para mí, sentirme vulnerable es exponerme al rechazo (después te cuento qué me había pasado). La vulnerabilidad es una palabra tan grande que su significado puede ser distinto para cada uno. Para mí es eso fue lo primero que se me vino a la mente, pero creo que lo que mejor resume, en general, el sentimiento de vulnerabilidad es el miedo a no ser suficiente para los demás.
Porque sigo asociando mi valor a lo que los demas piensen de mi. Así que, con todo esto, evitaré las situaciones que me puedan conectar con mi vulnerabilidad. Por ejemplo: Evitaré hacer algo que me exponga a las críticas y a los juicios de los demás. Como, en mi caso, cuando no me atreví a preguntar ante un grupo de personas qué pensaban de mí (de ahí, la conversación con mi psicóloga). O como quien no se atreve a dar una idea por miedo a que alguien opine que no está bien o que es una tontería (Ay, ¡Cuánto potencial hay escondido en los armarios por miedo a lo que piensen los demás!). O como una paciente que desconocía los sentimientos de su hermana respecto a un asunto que las involucraba, y optaba por mantener la situación así en lugar de abordar sus sentimientos y escuchar algo que podría no ser de su agrado.
Cuando sentir ese miedo está bien. Cuando sentirte vulnerable a que alguien te critique o a lo que puedan pensar de ti, está bien.
“Pues claro que me siento así, y está bien…
… Y soy valiente cuando me expongo a ese miedo, mucho más que cuando no quiero sentirlo…”.
Evitaré que los demás se den cuenta de que no puedo con todo y de que no soy todopoderosa. ejemplo: Cuando me molesta algo no lo digo porque me da miedo que el otro vea mi dolor y sepa que me ha hecho daño. Es como que me rebajo o que pierdo valor ante él”. Ya ves, cuánta exigencia, cuánta apariencia y cuánto miedo a sentirnos vulnerables.
“Pues claro que me siento así, y está bien…
Evitaré cualquier situación en la que pueda sentirme pequeña, avergonzada, dolida… porque sentirme así me resulta insoportable. Por ejemplo: “Cuando me siento herida por alguien intento aparentar que no me ha hecho daño, en vez de pedir ayuda o decirle cómo me estoy sintiendo”. o “Para que no me duela, lo que hago es trabajar más, porque es lo que sé hacer y donde me siento funcional”. Ya ves. En vez de decir:
“Pues claro que me siento así, y está bien…
Te puedo seguir dando una lista de ejemplos y situaciones pero quiero que te quedes con una frase Sentirte vulnerable NO es opcional
Porque cuando no queremos sentir miedo, vergüenza o inseguridad, porque relacionamos el sentirnos así con ser menos o no ser valiosas, y juzgamos que como personas adultas no deberíamos sentirnos así, hacemos todo lo posible por evitar las situaciones que nos puedan llevar a sentirnos vulnerables.
Pero es que sentirnos vulnerables no es algo opcional, porque TODOS lo somos.
Por más que queramos aparentar que no, enmascarando nuestros sentimientos y controlando nuestra respuesta, complaciendo a los demás, queriendo ser perfectas o acallando lo que sentimos, seguimos siendo vulnerables. Y cuando no nos permitimos serlo, cuando nos protegemos de conectar con ese sentimiento de exposición y de incertidumbre, también protegemos a los demás de conectar con su propia vulnerabilidad.
Y todo por ese critico interno del que hablaremos mañana y que te exige que seas perfecta, que nunca te equivoques y que los demás no puedan pensar nada malo de ti.
Ese crítico que se forma en nuestra infancia, cuando nos avergonzaban, nos recordaban nuestros defectos y nos señalaban lo que hacíamos mal.
Y es curioso que sea una de las cosas que más valoramos en los demás, que se muestren como son, pero que nosotras no lo hagamos. Que yo no quiera que me veas vulnerable, pero que me alivie y me guste verte vulnerable a ti.
Es como un “yo no, pero tú sí”, que nos aleja de construir una relación auténtica con las personas que nos rodean.
Ya deja esconder lo más bonito de ti.
“Pues claro que me siento así, y está bien”.
C. Del Mar
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