Cuando tenia 14 años observaba a un chico de la secundaria que lo notaba muy dinámico y vivaz cundo estaba con sus amigos o practicando futbol, pero triste y desvalido cuándo estaba solo. Tenia unos ojos enormes, negros y largas pestañas. Y cuando yo lo venia apartado y triste me dolía ver en esos ojos una mirada triste, melancólica y vacía. Me entere que era del grupo de adolescentes del programa de la casa hogar que la escuela albergaba, y busque la forma de acercarme y ser su amiga, en ese momento no sabia del mi "complejo de salvadora", pero logre convertirme en una de sus valiosas amigas con el tiempo. Y también con el tiempo descubrí mucho de lo que le dolía y todo su sufrimiento. Y desde ahí empecé a buscar “formulas mágicas y rápidas” para aliviar el alma, para ayudarle... Mi amigo era optimista pero evasivo. Su evasión y pretensión de que "no pasaba nada" "Todo está controlado" lo llevo a sus 25 años a tomar decisiones equivocadas que lo llevaron a la muerte. Te describo esta historia porque fue unas de las relaciones mas detonantes y significativas para poder entender que las heridas de la infancia si no son reconocidas, identificadas y tratadas de manera consiente y clara estas seguirán manifestándose a lo largo de la vida.
La mayoría de los seres humanos albergamos una dualidad interna.
Una parte de nuestro ser anhela buscar la verdad, ser auténticos, abrirnos a lo desconocido, amar apasionadamente, liberarnos de todo aquello que nos encadena o nos aprisiona, que nos impide ser lo que somos, confiar, volar y vivir de acuerdo a nuestro corazón. Mientras, otra parte de nuestro ser es insegura, desconfiada y temerosa. Quiere seguridad, tener todo bajo control. Evitar la incertidumbre, el conflicto y la desaprobación, sentirnos juzgados y rechazados. En definitiva, esa parte de nuestro ser quiere evitar el sufrimiento, sentir miedo y dolor. ¿Te resulta familiar?
No te voy a pedir que te obligues a sentir valor y confianza cuando sientas temor o inseguridad. No se trata de intentar eliminar, inútilmente, el miedo de nuestra vida. Sentir miedo es natural. En lugar de generar un conflicto con esa parte insegura o temerosa, de juzgarla y rechazarla, o de resignarnos a ser esclavos de nuestros miedos, mi propuesta es explorar nuestro mundo interior, conocerlo, entenderlo, respetarlo, y aprender a convivir y a relacionarnos con él creativamente.
Si queremos sanar nuestro corazón y ser libres, no podemos vivir permanentemente en una trinchera, necesitamos arriesgarnos, salir de nuestra zona de confort, explorar las profundidades de nuestro cuerpo emocional. A pesar de nuestros temores y resistencias, humanos y naturales, necesitamos tener atrevimiento, un alma aventurera.
Cuando hablo sobre las heridas del corazón no es algo ajeno a mí. Comparto lo que he descubierto en mi propio corazón y lo que me han mostrado muchísimos amigos, mi familia, compañeros, pacientes, colegas con los que he podido compartir el viaje interior. Y lo que nos ha ayudado a afrontar el dolor, a reparar la confianza, a sanar y transformar nuestra vida.
Hay un extracto del libro de Ketan Raventós donde dice así: “No quiero cambiarte ni arreglarte. Mucha gente bienintencionada te ha intentado cambiar y arreglar. ¿Y para que ha servido? Para que te sintieses defectuoso/a, incapaz o incompleta. Para que creyeses que eres inadecuado/a o que te falta algo y tienes que esforzarte más para ser una persona válida."
De hecho yo ni siquiera quiero mejorarte, porque en lo más profundo de mi corazón sé que no necesitas ser mejor de lo que ya eres. Solamente quiero invitarte a que te conozcas profundamente y ofrecerte una comprensión y unas herramientas para que puedas abordar conscientemente las necesidades de tu corazón. Porque he descubierto que el origen de mucho sufrimiento es el desconocimiento de nuestro ser, no saber abordar adecuadamente nuestras heridas, nuestro temores, nuestra vulnerabilidad
Hay algunas cuestiones muy comunes cuando nos metemos a esto del autoconocimiento y sanación ¿Cómo llegamos aquí? ¿Qué origina el dolor y la incomodidad que sentimos internamente? ¿Es por la relación de pareja, por el ex, por las tensiones laborales, por el jefe, por mi madre, por mi padre, por mi hijo, por esa persona que me hizo daño, por mis experiencias pasadas, por el acoso escolar que sufrí, por mis adicciones, por la falta de pareja o por no sentirme satisfecho/a profesionalmente?
Todas esas experiencias son importantes y algunas nos han marcado profundamente. Pero todas estas experiencias, tras un proceso interior, pueden ser digeridas e integradas; al igual que un alimento que hemos ingerido y nos produce unos trastornos digestivos; antes o después, recuperamos el equilibrio natural.
Nuestro organismo cuerpo-mente-emociones está dotado de los mecanismos necesarios para afrontar y asimilar los contratiempos emocionales que se presentan.
Pero, cuando se trata de digestión emocional, parece que hemos perdido los recursos naturales, la capacidad de procesar el dolor emocional. Cada día tenemos más recursos de todo tipo, pero cada día hay más personas descontentas, estresadas, angustiadas, deprimidas, con graves problemas mentales-emocionales. Cada día hay más personas que necesitan ayuda psiquiátrica, farmacológica y psicológica para levantarse cada mañana. Sin embargo también he de reconocer que así como hay personas en la búsqueda de la sanación de su interior. También hay de esas que están cómodas victimizándose porque les ha funcionado, porque seguro le sirve. Hay otras que “quieren” pero se rinden al primer obstáculo que los lleva a la reflexión, pero todas ellas están en el camino, en su tiempo y ritmo. Respetemos!.
A veces hemos de sufrir mucho, sentirnos frustrados, bloqueados o estancados, repitiendo unos patrones dolorosos, para darnos cuenta de que necesitamos parar, escucharnos, conocernos profundamente, aprender a querernos y a gestionar adecuadamente nuestro universo interior para sanar nuestro corazón y reconducir nuestra vida. Es un camino arduo y a menudo solitario, pero indispensable para alcanzar un estado de paz y plenitud. En ese proceso, descubrimos la importancia de la paciencia y la compasión hacia nosotros mismos. Aprendemos a valorar nuestros logros, por pequeños que sean, y a no castigarnos por nuestros errores, sino a verlos como oportunidades de crecimiento.
El autoconocimiento nos lleva a reconocer nuestras fortalezas y debilidades, y a usar esa sabiduría para tomar decisiones más alineadas con nuestra verdadera esencia. Es un viaje en el que la vulnerabilidad se convierte en una poderosa aliada, permitiéndonos conectar más profundamente con los demás y con el mundo que nos rodea.
En última instancia, sanar y reconducir nuestra vida no solo nos beneficia a nosotros, sino también a aquellos que nos rodean. Nos volvemos faros de luz y esperanza, capaces de inspirar y apoyar a otros en sus propios caminos de autodescubrimiento y sanación, claro repito también será a sus tiempos, no a los tuyos. pero así, juntos, construimos un mundo más empático, amoroso y consciente.
Te deseo que sigas teniendo reflexiones valerosas.
Con cariño:
C. Del Mar.❤

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