lunes, 19 de agosto de 2024

LA PROFUNDIDAD DE LAS HERIDAS DEL CORAZON



Cuando tenia 14 años observaba a un chico de la secundaria que lo notaba muy dinámico y vivaz cundo estaba con sus amigos o practicando futbol, pero triste y desvalido cuándo estaba solo. Tenia unos ojos enormes, negros y largas pestañas. Y cuando yo lo venia apartado y triste me dolía ver en esos ojos una mirada triste, melancólica y vacía. Me entere que era del grupo de adolescentes del programa de la casa hogar que la escuela albergaba, y busque la forma de acercarme y ser su amiga, en ese momento no sabia del mi "complejo de salvadora", pero logre convertirme en una de sus valiosas amigas con el tiempo. Y también con el tiempo descubrí mucho de lo que le dolía y todo su sufrimiento. Y desde ahí empecé a buscar “formulas mágicas y rápidas” para aliviar el alma, para ayudarle... Mi amigo era optimista pero evasivo. Su evasión y pretensión de que "no pasaba nada" "Todo está controlado" lo llevo a sus 25 años a tomar decisiones equivocadas que lo llevaron a la muerte.  Te describo esta historia porque fue unas de las relaciones mas detonantes y significativas para poder entender que las heridas de la infancia si no son reconocidas, identificadas y tratadas de manera consiente y clara estas seguirán manifestándose a lo largo de la vida. 

La mayoría de los seres humanos albergamos una dualidad interna.

Una parte de nuestro ser anhela buscar la verdad, ser auténticos, abrirnos a lo desconocido, amar apasionadamente, liberarnos de todo aquello que nos encadena o nos aprisiona, que nos impide ser lo que somos, confiar, volar y vivir de acuerdo a nuestro corazón. Mientras, otra parte de nuestro ser es insegura, desconfiada y temerosa. Quiere seguridad, tener todo bajo control. Evitar la incertidumbre, el conflicto y la desaprobación, sentirnos juzgados y rechazados. En definitiva, esa parte de nuestro ser quiere evitar el sufrimiento, sentir miedo y dolor. ¿Te resulta familiar?

No te voy a pedir que te obligues a sentir valor y confianza cuando sientas temor o inseguridad. No se trata de intentar eliminar, inútilmente, el miedo de nuestra vida. Sentir miedo es natural. En lugar de generar un conflicto con esa parte insegura o temerosa, de juzgarla y rechazarla, o de resignarnos a ser esclavos de nuestros miedos, mi propuesta es explorar nuestro mundo interior, conocerlo, entenderlo, respetarlo, y aprender a convivir y a relacionarnos con él creativamente.

Si queremos sanar nuestro corazón y ser libres, no podemos vivir permanentemente en una trinchera, necesitamos arriesgarnos, salir de nuestra zona de confort, explorar las profundidades de nuestro cuerpo emocional. A pesar de nuestros temores y resistencias, humanos y naturales, necesitamos tener atrevimiento, un alma aventurera.

Cuando hablo sobre las heridas del corazón no es algo ajeno a mí. Comparto lo que he descubierto en mi propio corazón y lo que me han mostrado muchísimos amigos, mi familia, compañeros, pacientes, colegas con los que he podido compartir el viaje interior. Y lo que nos ha ayudado a afrontar el dolor, a reparar la confianza, a sanar y transformar nuestra vida.

Hay un extracto del libro de Ketan Raventós donde dice así: “No quiero cambiarte ni arreglarte. Mucha gente bienintencionada te ha intentado cambiar y arreglar. ¿Y para que ha servido? Para que te sintieses defectuoso/a, incapaz o incompleta. Para que creyeses que eres inadecuado/a o que te falta algo y tienes que esforzarte más para ser una persona válida."

De hecho yo ni siquiera quiero mejorarte, porque en lo más profundo de mi corazón sé que no necesitas ser mejor de lo que ya eres. Solamente quiero invitarte a que te conozcas profundamente y ofrecerte una comprensión y unas herramientas para que puedas abordar conscientemente las necesidades de tu corazón. Porque he descubierto que el origen de mucho sufrimiento es el desconocimiento de nuestro ser, no saber abordar adecuadamente nuestras heridas, nuestro temores, nuestra vulnerabilidad

Hay algunas cuestiones muy comunes cuando nos metemos a esto del autoconocimiento y sanación ¿Cómo llegamos aquí? ¿Qué origina el dolor y la incomodidad que sentimos internamente? ¿Es por la relación de pareja, por el ex, por las tensiones laborales, por el jefe, por mi madre, por mi padre, por mi hijo, por esa persona que me hizo daño, por mis experiencias pasadas, por el acoso escolar que sufrí, por mis adicciones, por la falta de pareja o por no sentirme satisfecho/a profesionalmente?

Todas esas experiencias son importantes y algunas nos han marcado profundamente. Pero todas estas experiencias, tras un proceso interior, pueden ser digeridas e integradas; al igual que un alimento que hemos ingerido y nos produce unos trastornos digestivos; antes o después, recuperamos el equilibrio natural. 

Nuestro organismo cuerpo-mente-emociones está dotado de los mecanismos necesarios para afrontar y asimilar los contratiempos emocionales que se presentan.

Pero, cuando se trata de digestión emocional, parece que hemos perdido los recursos naturales, la capacidad de procesar el dolor emocional. Cada día tenemos más recursos de todo tipo, pero cada día hay más personas descontentas, estresadas, angustiadas, deprimidas, con graves problemas mentales-emocionales. Cada día hay más personas que necesitan ayuda psiquiátrica, farmacológica y psicológica para levantarse cada mañana. Sin embargo también he de reconocer que así como hay personas en la búsqueda de la sanación de su interior. También hay de esas que están cómodas victimizándose porque les ha funcionado, porque seguro le sirve. Hay otras que “quieren” pero se rinden al primer obstáculo que los lleva a la reflexión, pero todas ellas están en el camino, en su tiempo y ritmo. Respetemos!.

A veces hemos de sufrir mucho, sentirnos frustrados, bloqueados o estancados, repitiendo unos patrones dolorosos, para darnos cuenta de que necesitamos parar, escucharnos, conocernos profundamente, aprender a querernos y a gestionar adecuadamente nuestro universo interior para sanar nuestro corazón y reconducir nuestra vida. Es un camino arduo y a menudo solitario, pero indispensable para alcanzar un estado de paz y plenitud. En ese proceso, descubrimos la importancia de la paciencia y la compasión hacia nosotros mismos. Aprendemos a valorar nuestros logros, por pequeños que sean, y a no castigarnos por nuestros errores, sino a verlos como oportunidades de crecimiento.

El autoconocimiento nos lleva a reconocer nuestras fortalezas y debilidades, y a usar esa sabiduría para tomar decisiones más alineadas con nuestra verdadera esencia. Es un viaje en el que la vulnerabilidad se convierte en una poderosa aliada, permitiéndonos conectar más profundamente con los demás y con el mundo que nos rodea.

En última instancia, sanar y reconducir nuestra vida no solo nos beneficia a nosotros, sino también a aquellos que nos rodean. Nos volvemos faros de luz y esperanza, capaces de inspirar y apoyar a otros en sus propios caminos de autodescubrimiento y sanación, claro repito también será a sus tiempos, no a los tuyos. pero así, juntos, construimos un mundo más empático, amoroso y consciente.

Te deseo que sigas teniendo reflexiones valerosas.

Con cariño:

C. Del Mar.❤

viernes, 16 de agosto de 2024

DIALOGO INTERNO Y LA AUTOCRITICA


 Hoy te hablare de esa vocecilla que tenemos dentro todo el rato y que si no comprendemos puede hacernos mucho daño: El diálogo interno y la autocrítica. Esa voz interior, a menudo conocida como el crítico interno, puede ser tanto una fuente de motivación como una barrera para nuestro bienestar. Nos recuerda nuestras responsabilidades y nos impulsa a mejorar, pero también puede llenarnos de dudas y miedos.

El diálogo interno nos acompaña a todas horas. Es la forma en la que nos hablamos a nosotras mismas, son nuestros pensamientos y la forma en la que interpretamos el mundo. Ese diálogo puede ser nuestro aliado o nuestro enemigo.

Todo aquello que has recibido del exterior (cómo te hablaban tus padres, qué has visto en casa) hace que tu diálogo interno nazca de una forma u otra: la autocrítica que anula o la que te ayuda a crecer y a superarte.

El diálogo interno destructivo

Si extrapolamos este diálogo interno destructivo y lo observáramos en una pareja, donde una de las partes le dice a la otra cosa ¿Cómo?¡no sabes hacer nada bien, qué vergüenza das!… ¿Te viene también a la cabeza la palabra maltrato? Pues esa es la violencia que nos ejercemos a nosotras mismas con un diálogo interno nocivo.

Tenemos muy trabajada la empatía hacia el resto: comprender, acompañar… pero ¿Qué ocurre conmigo? Si no se lo diría a nadie ¿por qué a mí sí que me lo digo?

El diálogo interno

Muchas veces la autocrítica y la forma en la que nos tratamos surge y se construye durante la infancia, eso me recuerda que el otro día cuando escuché a una madre comentar delante de su hijo “sí, este año empieza su segundo año, aunque ya tendría que estar en tercero” (este tipo de comentarios son los que nos conectan con esa sensación de vergüenza por no ser suficientes…).

Igual que cuando nos hemos sentido juzgados por estar tristes, por tener miedo o por sentir rabia. Porque un niño necesita un adulto que sostenga su dolor y que le diga que está bien lo que siente. Y, si no lo tiene, se quedará enganchado a ese dolor o querrá huir de lo que siente. Y así es como aprenderá a hacer un click automático para desconectarse de su vulnerabilidad, seguridad y no volver a sentirse así de mal.

Por eso, utilizar la vulnerabilidad de alguien para avergonzarle, ya sea de un niño o de un adulto, es una de las heridas más dañinas que se pueden provocar en una relación. Aunque la infancia no es la única influencia que recibimos. La cultura de la crítica también tiene gran peso. Si toda tu vida te han puesto una etiqueta (floja, tonta, gorda, etc.) es fácil creerla hasta que un día te lo planteas.

Si no se lo diría a nadie ¿por qué a mí sí que me lo digo?

Las experiencias en la adolescencia también son clave. Es una época en la que empezamos a darle más importancia a lo que se piensa de nosotros y somos más vulnerables a situaciones de conflicto.

Efectos de la autocrítica

El diálogo interno está estrechamente relacionado con la gestión emocional. En la infancia, necesitamos una figura externa para regularnos. Un diálogo interno positivo conduce a una gestión emocional adecuada y una mentalidad de aprendizaje. Por el contrario, un diálogo interno negativo provoca un desgaste emocional.

¿Cómo te sentirías si constantemente te dijeras que no vales nada? Esto afectaría tu estado de ánimo, generando problemas de autoestima, ansiedad, depresión, etc. Sentirías impotencia y te paralizarías.

El diálogo interno y la autocrítica pueden hacer que nos sintamos incapaces. Al sentirnos así, no generamos conductas que nos demuestren que sí somos capaces.

Cómo mejorar el diálogo interno

Siempre tenemos pensamientos que cruzan nuestra mente. El diálogo interno negativo y la autocrítica ojala fuera como <Alexa> ese asistente virtual que le dices que “pare” o se apague cuando ya te aburriste, o si  quieres la uses a tu favor como mi sobrina de 7 años que le dice: “Alexa quien es la mas bonita?, y Alexa tan subjetiva le dice: ”La verdadera belleza esta en el corazón”

En momentos complicados, los tres pilares para mejorar tu diálogo interno son:

OBSERVATE

Qué te estás diciendo. En qué contexto. Sé consciente. Que emociones aparecen y se generan tras una experiencia complicada y cómo te sientes tras hablarte de la forma en la que te hablas.

Dentro de ti hay muchas voces: potencia las que te hacen florecer.

Dialoga con esa voz interior

Aprovecha el discurso interno para potenciar otras voces que hay dentro de ti. Si no interactúas con esas otras voces, la voz destructiva será la única con fuerza dentro de tu mente y hará que sea más fácil creerla.

Es un proceso que lleva tiempo, porque hemos pasado toda una vida con un discurso nocivo interiorizado, pero descubrir otras voces dentro de ti será liberador.

La autocrítica

Si empiezas a cultivar un diálogo interno positivo, realizarás los cambios que desees en tu vida sin despreciarte como persona. Mírate con ojos comprensivos y compasivos, abrazando tu vulnerabilidad.

Recuerda que tener un diálogo interno y autocrítica que no nos limite es posible. La responsabilidad de cambio, conocer qué aspectos quieres cambiar, mejorar o dejar ir. Gracias a una autocrítica positiva aprenderás qué puedes aportar y qué cosas no dependen de ti, respetarás tu proceso individual y tu ritmo.

¡Gracias por llegar aquí y leerme toda la semana! Mi intención es darte las suficientes herramientas que te ayuden a crecer y aterrizarte. Y recuerda el mundo es tu crisálida, sal a ella!

Con cariño:

C. Del Mar❤

miércoles, 14 de agosto de 2024

AUTOCOMPASION: INFUNDIRLE MEMORIA AL CORAZON ❤

No me gusta pensar que le doy más importancia a la “escritura de crisis” en mis diarios que a los momentos alegres, pero he logrado con el tiempo  infundir en mis sesiones de escritura terapéutica la misma urgencia que se aplica cuando la vida se va "al traste". ¿Por qué es tan necesario hablar de los momentos felices como de las crisis? Si estoy feliz y equilibrada, es fácil dejar de escribir en mi diario por un día. No es necesario controlar los daños y la vida no se detendrá si no escribo sobre mi tarde de domingo perfecta.

Sin embargo, si no le doy la importancia, mi cerebro no lo retiene y se centrará y recordará las crisis con más facilidad.

Cuando cometes un error o no te están saliendo las cosas como esperabas, ¿te tratas mal, protestas y te criticas? Hoy te escribiré sobre la autocompasión. Y la autocompasión es tratarnos a nosotros mismos con la misma amabilidad y comprensión con la que trataríamos a otro. No es nada fácil, es mucho más simple ser atentos y comprensivos con los demás que con nosotros mismos. No me refiero solamente a lo que nos decimos sino también a cómo nos sentimos con nosotros mismos.

Con esta entrada de escritura reflexiva mi deseo genuino es que ya pares y pases a la autocompasión. 

Ejemplos de compasión y autocompasión para distinguir la diferencia.

Cuando salgo del supermercado, suele haber una señora pidiendo ayuda. A mí me moviliza mucho verla tan sola, tan invisible, y con una sonrisa, mientras nosotros salimos de hacer la compra con los bolsas cargadas. Eso que siento es compasión. Hay algo dentro que me llama a ayudar a esa señora. En respuesta a lo que siento la saludo cálidamente y le entrego algo de lo que he comprado. La autocompasión es tratarnos a nosotros mismos con esa misma amabilidad y comprensión.

El otro ejemplo es el de un cliente muy exigente, "pretendía" ser  muy práctico y rápido, me decía que él no puede soportar sentirse en riesgo de quedar expuesto si se equivoca. Es por eso que esconde lo que él percibe como sus “flaquezas” inventando un personaje de Superman que luego le cuesta sostener y lo estresa. Le cuesta poner límites, sus niveles de perfeccionismo son insanos, y se maltrata mentalmente si las cosas no le salen bien. Hablábamos de su crianza e interacciones de pequeño y cómo lo habían marcado para que hoy se sienta así.

La falta de autocompasión en nuestra niñez

Es una pena pero, de pequeños, nadie nos enseña a ser auto-compasivos. Al contrario, lo más probable es que nos castigaran por ejemplo por las notas “malas”, con comentarios negativos cuando no pasamos los exámenes académicos y luego de la vida. Se me viene un recuerdo de la primaria: un compañero de infancia que tenía problemas con una materia, y aunque le dedicaba tiempo, la suspendió, prefirió el futbol. Su maestra le decía: “esfuérzate más, tienes que ser más aplicado”. Vuelve a su casa angustiado, y sus padres le gritan de manera cuestionadora y malhumorada “¿cómo puede ser? ¿por qué no has estudiado de verdad?” Y luego rematan con un “aquí no vamos a aceptar un niño reprobado y burro ”.

Ese niño lo que va a desarrollar en su adultez es una actitud crítica interior ante los tropiezos naturales de la vida.
Lo que realmente necesitaba era: pausar, calmarse, sentir que es humano, jugar, equivocarse, y desde ahí tomar acciones comprometidas para estudiar. Pero nadie se lo dijo, nadie le enseño!

El proceso de la autocompasión

  • Tener objetivos claros
  • Dar lo mejor de uno
  • Practicar cada vez que tengamos oportunidad.
  • Reconocer y validar lo que sentimos
  • Darnos el mismo cuidado y amor que le ofreceríamos a alguien que amamos.
 Piensa en todas las veces que tu voz interior te machaca porque algo no ha salido bien o porque has dicho algo de lo que luego te arrepentiste. 

⛔LO SIGUIENTE NO ES AUTOCOMPASIÓN⛔

Recuerda que la autocompasión no tiene nada que ver con:

  • Tenerse lástima o sentirnos las víctimas de nuestras circunstancias. Al contrario, es una herramienta para tranquilizarnos, aceptar lo que nos está pasando y responsabilizarnos por cómo seguir.
  • Auto-abandonarse, tirar la toalla. Cuando somos auto-compasivos, entendemos que hay momentos duros y desafíos que sortear. Y desde ese lugar de aceptación, nos comprometemos a evolucionar y vivir mejor.
  • Inflar nuestro ego y sentirnos superiores a los demás: La autocompasión no tiene nada que ver con compararnos con los demás o con ser validados externamente sino con tener la mirada puesta dentro nuestro desde la ternura y la comprensión.

Bien, ahora hay que abrir la mente y exponer el corazón, lo siento, pero pregúntate: ¿De dónde surge mi nivel de autocompasión (o la falta de ella)? ¿Qué mensajes recibí en mi infancia y/o juventud sobre la compasión hacia uno mismo? ¿Cómo me trato a mí mismo cuando cometo errores o enfrento dificultades? ¿Qué beneficios observo cuando logro ser más autocompasivo?  crees que son muchas cuestiones, ¡quizás! pero también quizás han sido muchos años de no reconocerte valiosa (o).

La autocompasión es fundamental porque nos permite ser más resilientes, flexibles y amorosos con nosotros mismos. Cuando nos tratamos con bondad y comprensión, tenemos más energía y recursos para afrontar la vida con mayor confianza y bienestar. Gracias por leerme, nos vemos en el grupo.

La vida es tu crisálida, ¡sal a ella! 🦋

C. Del Mar ❤



LA PROFUNDIDAD DE LAS HERIDAS DEL CORAZON

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