No me gusta pensar que le doy más importancia a la “escritura de crisis” en mis diarios que a los momentos alegres, pero he logrado con el tiempo infundir en mis sesiones de escritura terapéutica la misma urgencia que se aplica cuando la vida se va "al traste". ¿Por qué es tan necesario hablar de los momentos felices como de las crisis? Si estoy feliz y equilibrada, es fácil dejar de escribir en mi diario por un día. No es necesario controlar los daños y la vida no se detendrá si no escribo sobre mi tarde de domingo perfecta.
Sin embargo, si no le doy la importancia, mi cerebro no lo retiene y se centrará y recordará las crisis con más facilidad.
Cuando cometes un error o no te están saliendo las cosas como esperabas, ¿te tratas mal, protestas y te criticas? Hoy te escribiré sobre la autocompasión. Y la autocompasión es tratarnos a nosotros mismos con la misma amabilidad y comprensión con la que trataríamos a otro. No es nada fácil, es mucho más simple ser atentos y comprensivos con los demás que con nosotros mismos. No me refiero solamente a lo que nos decimos sino también a cómo nos sentimos con nosotros mismos.
Con esta entrada de escritura reflexiva mi deseo genuino es que ya pares y pases a la autocompasión.
Ejemplos de compasión y autocompasión para distinguir la diferencia.
Cuando salgo del supermercado, suele haber una señora pidiendo ayuda. A mí me moviliza mucho verla tan sola, tan invisible, y con una sonrisa, mientras nosotros salimos de hacer la compra con los bolsas cargadas. Eso que siento es compasión. Hay algo dentro que me llama a ayudar a esa señora. En respuesta a lo que siento la saludo cálidamente y le entrego algo de lo que he comprado. La autocompasión es tratarnos a nosotros mismos con esa misma amabilidad y comprensión.
El otro ejemplo es el de un cliente muy exigente, "pretendía" ser muy práctico y rápido, me decía que él no puede soportar sentirse en riesgo de quedar expuesto si se equivoca. Es por eso que esconde lo que él percibe como sus “flaquezas” inventando un personaje de Superman que luego le cuesta sostener y lo estresa. Le cuesta poner límites, sus niveles de perfeccionismo son insanos, y se maltrata mentalmente si las cosas no le salen bien. Hablábamos de su crianza e interacciones de pequeño y cómo lo habían marcado para que hoy se sienta así.
La falta de autocompasión en nuestra niñez
Es una pena pero, de pequeños, nadie nos enseña a ser auto-compasivos. Al contrario, lo más probable es que nos castigaran por ejemplo por las notas “malas”, con comentarios negativos cuando no pasamos los exámenes académicos y luego de la vida. Se me viene un recuerdo de la primaria: un compañero de infancia que tenía problemas con una materia, y aunque le dedicaba tiempo, la suspendió, prefirió el futbol. Su maestra le decía: “esfuérzate más, tienes que ser más aplicado”. Vuelve a su casa angustiado, y sus padres le gritan de manera cuestionadora y malhumorada “¿cómo puede ser? ¿por qué no has estudiado de verdad?” Y luego rematan con un “aquí no vamos a aceptar un niño reprobado y burro ”.
Ese niño lo que va a desarrollar en su adultez es una actitud crítica interior ante los tropiezos naturales de la vida.Lo que realmente necesitaba era: pausar, calmarse, sentir que es humano, jugar, equivocarse, y desde ahí tomar acciones comprometidas para estudiar. Pero nadie se lo dijo, nadie le enseño!
El proceso de la autocompasión
- Tener objetivos claros
- Dar lo mejor de uno
- Practicar cada vez que tengamos oportunidad.
- Reconocer y validar lo que sentimos
- Darnos el mismo cuidado y amor que le ofreceríamos a alguien que amamos.
Recuerda que la autocompasión no tiene nada que ver con:
- Tenerse lástima o sentirnos las víctimas de nuestras circunstancias. Al contrario, es una herramienta para tranquilizarnos, aceptar lo que nos está pasando y responsabilizarnos por cómo seguir.
- Auto-abandonarse, tirar la toalla. Cuando somos auto-compasivos, entendemos que hay momentos duros y desafíos que sortear. Y desde ese lugar de aceptación, nos comprometemos a evolucionar y vivir mejor.
- Inflar nuestro ego y sentirnos superiores a los demás: La autocompasión no tiene nada que ver con compararnos con los demás o con ser validados externamente sino con tener la mirada puesta dentro nuestro desde la ternura y la comprensión.
Bien, ahora hay que abrir la mente y exponer el corazón, lo siento, pero pregúntate: ¿De dónde surge mi nivel de autocompasión (o la falta de ella)? ¿Qué mensajes recibí en mi infancia y/o juventud sobre la compasión hacia uno mismo? ¿Cómo me trato a mí mismo cuando cometo errores o enfrento dificultades? ¿Qué beneficios observo cuando logro ser más autocompasivo? crees que son muchas cuestiones, ¡quizás! pero también quizás han sido muchos años de no reconocerte valiosa (o).
La autocompasión es fundamental porque nos permite ser más resilientes, flexibles y amorosos con nosotros mismos. Cuando nos tratamos con bondad y comprensión, tenemos más energía y recursos para afrontar la vida con mayor confianza y bienestar. Gracias por leerme, nos vemos en el grupo.
La vida es tu crisálida, ¡sal a ella! 🦋
C. Del Mar ❤
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